lunes, 16 de noviembre de 2020

Lo que la cámara vio

 

En su profesión lo importante era llegar el primero.

Su coche, un dacia sandero stepway de color gris cometa, la esperaba en la calle en zona verde, la zona reservada para los residentes. En el interior estaba su tesoro más apreciado, una Canon EOS Rebel T7i, dentro de una caja de zapatos. La mejor forma de guardar un tesoro es dejarlo a la vista, eso le había enseñado su abuelo que de esconder tesoros sabía bastante.

Arrancó con brusquedad, ni ella sabía si lo hacía por presión o prisas o porque no sabía  hacerlo de otra forma. Era uno de sus rasgos significativos.

Cuando llegó al lugar de los hechos, recogió de la caja su cámara y con decisión se dirigió hacia donde ya habían llegado un zeta de la policía y algunos curiosos. Algunos de ellos lloraban histéricos, otros se movían nerviosos en círculos como si desearan irse sin tener permiso para ello.

Cuando por fin Lucía Charlín disparó por primera vez, casi ni viéndolo plasmado en el visor, ni directamente con sus ojos mejorados con lentillas podía creer lo que su mente le transmitía: Delante de ella y dentro de poco, delante de todos aquellos a los que llegase su fotografía ya difundida por wifi, se encontraba un pequeño ser gravemente herido, pero todavía vivo, junto a una nave accidentada. Un ser que demostraba que no somos los únicos seres vivos del Universo.

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