A
ella no le gustaba que al levantarse, tirase un pedo mientras se rascaba la
bragueta.
Él
no soportaba que los domingos tuvieran
que ir a comer una paella a casa de sus suegros.
Ella
se enfadaba cuando se encontraba la tapa del váter levantada y restos de su
última micción en el asiento.
Él
no creía necesario tener que aprovechar el pan sobrante del día anterior para
hacer sopas de ajo, que no le gustaban.
Ella
se ponía de mal humor cuando después de hacer el amor, le preguntaba ¿Qué tal?¿Cómo
fue? Era como si le estuvieran haciendo una encuesta.
A
él le molestaba que después de hacer el amor, ella se fumase un cigarrillo. Se
sentía como si se hubiera acostado con Humphrey Bogart.
Ella se irritaba cuando volvía de una comida de trabajo con
la corbata manchada de grasa. Porque las corbatas se las regalaba ella y le
parecía una falta de consideración.
Él se sentía humillado cuando le decía “suénate, que tienes
mocos” como si fuera un crío.
Ella creía que era una falta de respeto que cuando estaba con
la regla, él se fuera a dormir a otra habitación.
Él se sentía molesto, cuando ella le decía “voy a cambiarme
la compresa” como si fuera un acontecimiento digno de publicitar.
Ella no entendía que después de cenar él se quedase dormido
en el sofá y se pusiera a roncar.
A él le irritaba que ella insistiese en despertarlo cuando se
quedaba dormido en el sofá.
Ella lo miraba con desdén cuando él se jactaba de que hacía varios
años que no leía un libro.
Él no entendía por qué ella tenía que estar siempre leyendo
alguna de aquellas novelas románticas que tanto le gustaban.
Ella se indignaba cuando al acabar de cenar él se levantaba y
la dejaba sola en la cocina con los platos sin fregar.
A él le incomodaba que durante las comidas, se empeñase en
contarle los chismes, dimes y diretes de su familia y sus amigas, que a él no
le interesaban nada.
A ella le molestaba que él no hablase durante las comidas. “Pues
cuando estás con tus amigos, no callas” le decía.
A él le molestaba que ella no se callase un poco.
A pesar de estas cosas
y muchas otras que se omiten por brevedad ella y él, que eran vecinos de
puerta, nunca se habían sentido tentados a divorciarse de sus él y ella
respectivos y emprender una nueva vida juntos.
Seguramente por no volver a caer en los mismos errores.
