EXTRASÍSTOLE
Solo necesité un instante. Apareciste detrás del cristal de las puertas correderas de la entrada del hospital que permanecieron cerradas. Por seguridad.
Por un instante y durante un segundo, te vi. Vi tu pelo oscuro, tu abrigo gris y pantalones vaqueros. Tu boca no. Llevabas bien puesta la mascarilla pero tus ojos...¡Ay, tus ojos verdes! Tus ojos verdes se cruzaron con los míos. Y mi corazón lanzó un latido de alerta.
Por un instante y durante un segundo, te soñé abrazando a la persona que fui hace cuarenta años cuando tenía tu misma edad.
Solo necesité un instante para que mi viejo corazón responda con alegría ante la belleza de la juventud y la tentación por lo prohibido.
Ya sé que me va a decir mi cardiólogo, que no estoy bien, pero ¿qué va a saber él del joven corazón de una mujer de setenta y cinco años?

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