martes, 6 de abril de 2021

SE EQUIVOCO LA PALOMA



Mónica sabía que su vida se había vuelto monótona. Vivía sola y a parte de acudir a su trabajo y al supermercado, su intento de mejorar su calidad de vida apuntándose a un gimnasio había terminado en un total fracaso. Nunca le había gustado hacer ejercicio.
Para mitigar su soledad hasta se había planteado adoptar a un gato pero nunca terminaba por decidirse y así iba sumando asuntos sin resolver.
Una noche se despertó con una agradable sensación después de haber soñado que seguía al lado de Javi, su novio de la universidad, cuya relación se había roto cuando por un tiempo se había sentido atraída y se había dejado alagar por el interés de un profesor. Interés no lo suficientemente fuerte como para evitar que lo tuviera por otras alumnas. Tras la ruptura, solamente su orgullo impidió que regresara a disculparse al lado de aquel joven dulce que la miraba con total veneración.
Nunca más había vuelto a tener una relación sentimental seria. Frecuentaba algunas páginas de contacto solo para divertirse. Acudía a las primeras citas sin fiarse mucho de los emparejamientos realizados por una máquina y solamente en una ocasión volvió a quedar por segunda vez con uno de los elegidos, cuyo perfil parecía perfecto para ella, pero justo el día anterior le había visto en un centro comercial con una mujer y dos niños que le llamaban papá. Al llegar a casa eliminó sus datos de la página, dejó de contestar llamadas e ignoró mensajes. Desde entonces se centró en lo que quiso dar importancia en su vida, el trabajo, decorar su casa, llenar los armarios de ropa de la que se encaprichaba y que pocas veces tenía ocasiones para lucir porque no solía ponerlos cuando quedaba con sus amigas algunas tarde para tomar café.
Una noche se quedó aletargada mientras se sucedían imágenes en el televisor que nada le interesaban. En aquel estado de ensoñación volvió al pasado, al momento en el que había terminado todo con Javi y deseó volver a aquel momento para empezar su vida desde ese punto...
Sintió paralizado su cuerpo pero en su mente los recuerdos se hacían tan reales que cuando un claxon en la calle la hizo abrir los ojos se vio en su antigua habitación. Parpadeó con insistencia, y seguía allí, en el pasado. Incluso su antiguo equipo de música la observaba desde la estantería rodeado de libros y apuntes. Cogió automáticamente el mando y lo encendió. La intro de fear of the dark de Iron Maiden empezó a sonar y se levantó como un resorte de la cama. Abrió las ventanas y efectivamente estaba en su antigua habitación, de reojo se miró en el espejo y allí estaba con veinte años. Se sintió aturdida y empezó a revolver en los cajones buscando su móvil, pero en vez del iphone, encontró un nokia de gran tamaño. Se rió a carcajadas y subió el volumen de la música.
-¡Mónica, baja el volumen y ven a desayunar que se te hace tarde! – la voz inconfundible de su madre la llegaba con total nitidez a través e la puerta. Tuvo unas ganas inmensas de abrazarla. Apagó la música 
-¡Ya voy mamá! – emitió una risa de felicidad y corrió hacia la puerta extasiada con el móvil en la mano. Intentó llamar a Javier pero no recordaba el código de desbloqueo así que tampoco pudo leer los mensajes.
Al llegar a la cocina vio a su madre aún joven, con su energía habitual haciendo varias cosas a la vez. La abrazó con una inmensa ternura antes de tomar el café y se despidió de ella con un beso.
Al salir a la calle todo lo viejo le parecía nuevo. Cogió el bus, el único que pasaba por aquella calle y que le acercaba la suficiente a la universidad. Al llegar y bajar empezó a sentirse mal. Estaba muy nerviosa por tener que enfrentarse a una realidad lejana en la que quería remediar muchas cosas. Lo primero su relación con su novio. Iba pensando cómo decirle lo mucho que lo sentía, lo mucho que le quería. Su deseo de permanecer a su lado para siempre.
-¡Hola Mónica, te estuve llamando anoche y no me cogiste el teléfono! – Saludó su mejor amiga, Claudia.
-¡Hey, hola!¡Qué alegría de volver a verte! – sonrió ella dándola un abrazo.
-¡Vaya entusiasmo! ¿Qué has desayunado hoy? ¿Estas bien? – 
-Si, estoy estupendamente, ¿has visto a Javier? – quiso saber como sin darle importancia.
-¡Por favor! ¿No me digas que le quieres torturar más? ¡Déjale tía, que todavía esta convaleciente..! – casi la abroncaba Claudia, mirando al cielo en señal de súplica.
-¿Convaleciente? ¿Pero de qué? – dijo realmente sorprendida.
-¿Cómo que de qué? – la joven se echó a reír irónicamente – Por el ataque de ansiedad que sufrió por tu causa… – la miró levantando una ceja.
-¡Pero eso no fue así, yo creía que todo había terminado sin problemas..! – susurró casi para si misma Mónica.
-¡No! Salió ayer mismo del hospital así que no creo lo veas hoy por aquí...Tengo que entrar en economía, ¿te veo al terminar la clase?
-Si...ehm Claudia no tengo batería en mi móvil ¿me dejas el tuyo? Es que necesito hablar con él a ver cómo está.
-¡Si, claro! Voy al baño un momento – dijo mientras se alejaba cargada de libros
Rápidamente Mónica buscó en la agenda el número de Javier y llamó, pero insistentemente salía el buzón de voz. Se estaba poniendo nerviosa por no poder localizarlo. Le devolvió el móvil a Claudia mientras se despedía de ella y se fue a la cafetería en busca de algún amigo de Javier.
   
-¡Hola Jesús! ¿Sabes algo de Javi que tiene el móvil apagado? – casi no había terminado la frase cuando el tal Jesús se levantó de la silla haciendo bastante ruido y se alejó de ella mientras la contestaba sin mirarla
-¡A ti que te importará Javi… me voy a clase, Ciau.!
Se quedó parada sin saber qué hacer un buen rato. Decepcionada quiso despertar de lo que estaba segura era un sueño. Así que dejó que sus pies la llevasen lejos del edificio de aulas hacia el parque donde salía quedar con él a pasear y a hablar de cualquier tontería que les hiciese reír. Se sentó en un banco de piedra y se quedó con la vista perdida en los patos del pequeño lago artificial. Volvió a intentar recordar la contraseña del móvil pero éste cada vez le pedía otra con más dígitos. Entonces dándose ya por vencida levantó la vista y frente a ella se encontraba Javier, caminando en su dirección. Iba como siempre con una camisa oscura y pantalón claro y su pelo largo brillaba bajo el sol. Ella se le acercó para abrazarle mientras le susurraba al oído : Entonces, ¿seguimos juntos?.
-¡Si, para siempre! – Lloraba de alegría, pero al separarse de él para buscar sus ojos, después de un parpadeo para deshacerse de las lágrimas, volvió a encontrarse en su salón, con la tele encendida y las ventanas abiertas por donde entraba el ruido de los coches. Se incorporó lentamente, estaba segura que aquel sueño estaba ocasionado por algo que no acertaba concretar. Fue hasta el baño y mientras se miraba al espejo llegó a la conclusión que se le estaba yendo la cabeza.
   Después de intentar despejarse con agua fría se acercó al ordenador y escribió en el buscador sin grandes esperanzas de hallarlo: Javier Alonso Mújica. Después de unos eternos segundos de búsqueda aparecieron varias entradas, una era un blog sobre literatura y escritura, que era muy propio de él. En el blog hablaba también de algunos libros de los que era autor y se dispuso a comprar alguno de ellos.
A continuación no pudo evitar entrar en el facebook de Dani. Le reconoció en su foto de perfil a pesar de que había desaparecido su brillante melena. La mirada llena de ilusión era la misma y su sonrisa también. Y seguía usando camisas oscuras.
En la foto de portada aparecía la portada de su último libro que se titulaba : Se equivocó la paloma. Aquel poema de Rafael Alberti cantado por Serrat era su canción, la canción que nunca dejaban de bailar, que tarareaban al unísono. Era su canción y ahora el título de su próximo libro aún por salir a la venta. Se prometió ir a la firma en cuanto fuese anunciada.
Después no quiso evitar ir a la información general. Se enteró que era profesor de lengua y literatura en un Instituto y que tenía una relación con...Claudia y dos hijos en común. Miró las fotos que había subido, los niños no solían salir con las caras al descubierto, supuso que para mantenerlos en la intimidad pero las miradas que se dirigían Javi y Claudia, lo decían todo. Se habían encontrado y aprovechado el momento y habían formado la familia que ella estaba añorando.
Salió de aquel mundo que no era el suyo con una serenidad recién adquirida. No había dejado un mundo roto tras de sí y eso la hacía sentir bien pero por otro lado seguía tan perdida como la paloma y decidió que era hora de tomar decisiones importantes.
Buscó en su correo electrónico un mensaje antiguo y lo respondió aceptando un voluntariado para acudir como psicóloga a un campo de refugiados con una ONG con la que colaboraba económicamente desde que había sacado la oposición.
En cuanto la contestaran iniciaría los trámites para pedir una excedencia en el trabajo y después… Ya con las alas en vuelo, ¡quién sabe dónde puede llegar una paloma perdida!

3 comentarios:

  1. No será tuyo el dibujo... pues estamos esperando que ilustres los cuentos y narraciones...
    ¡Para el próximo, vale?!

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  2. Buen relato, muy positivo en estos tiempos tan negativos. Tienes tres errores mecanográficos, telo digo para que los corrijas: en la primera linea escribiste "a parte". Lo correcto es aparte, sin espacio. En la sexta linea, en alagar te comiste la h. Después de los signos de interrogación no se pone punto y seguido. Felicidades por tu relato

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  3. Gracias, la próxima incluiré una ilustración =)

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