Prefiero las ratas que husmeando detrás de los armarios rompen el silencio de mis tardes en soledad. Tardes en las que solo percibo un mundo gris. Un mundo sin movimiento. Pero ellas no paran y compruebo como una, la más maligna, sale de su refugio para llegar a mi regazo ascendiendo a través de los radios de mi silla de ruedas.
YGSandoval

Me gusta, Yolanda. Es muy de mi estilo
ResponderEliminarsin duda, jajaja, iba de fobias ¿te acuerdas?
EliminarLo recuerdo, las fobias son la sal de la vida
ResponderEliminarTu relato me ha puesto los nervios de punta, sobre todo la rata maligna.
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