-
¡Eh chaval! Dame un periódico - Escucho gritar al dueño del
estanco que estaba de pie en la esquina. El chico giró la cabeza y
señalando la caja contesto:
- Señor Manuel aquí algo aquí,
creo que es sangre - como si algo le impidiera acercarse, estiró el
cuello para mirar mejor lo que había dentro.
- Pero ¿ que
historia es esta? - Se acercó el hombre con un cigarrillo en la
boca.
- Esto es sangre! - Dijo mientras abría los ojos con
sorpresa - voy a llamar a la policía, sabes quien la ha
dejado? Preguntó el hombre bastante sorprendido.
- No lo se, lo
he visto de lejos y me acerqué. No he visto nada más ni a
nadie. - dijo el joven
- ¡Hola! Estoy en la Plaza Mayor y quiero
comunicar que he encontrado en medio de la plaza una caja de cartón
con sangre… ¡No hemos tocado nada..! ¡Vale…! - Cuando Manuel
terminó de hablar con la policía, el chico estaba en cuclillas
abriendo con suma precaución la caja.
- ¿Qué hay dentro? - Se
agachó con curiosidad.
- ¡Cabezas de cerdo! -El hombre se tapó
la boca intentando evitar las nauseas.
- ¡Esto es cosa de
gamberros! - Entonó muy despacio mientras miraba de reojo los
zapatos del chico y tiraba la colilla al suelo. Se incorporó
deprisa mientras comentaba:
- ¡Bueno! ahora vendrá la
policía que se encarguen ellos de aclarar esto, yo tengo que abrir
el estanco. Diles lo que sabes cuando estén aquí y que quedo
a su disposición. -
Al marchar, vio como empezaban acercarse los
vendedores de la plaza y los primeros turistas que desembarcaban en
la isla mientras por una calle próxima se escuchaba la sirena de la
policía.
Desde una segunda planta, unos ojos verdes
vibrantes observaban entre las cortinas todo lo que había sucedido.
Al ver a los agentes acercarse a la caja se perdieron en la
profundidad oscura de su ventana.
sábado, 28 de noviembre de 2020
I- EL MISTERIO DE LA ISLA: ¿Que hay en la caja?
Una
mañana muy fría de febrero, amaneció la isla con un ambiente
inquietante, el chico que repartía los periódicos andaba por una de
las calles que desembocaba en la plaza principal. Como era usual a
esas horas, todo estaba cerrado. El chico iba distraído
silbando, buscando con la mirada por las calles a quien ofrecerle un
periódico. Cual sería su sorpresa cuando al llegar a la esquina de
la plaza que solía estar vacía, lo primero que llamó su atención
fue una caja en medio. Dejó el carrito con los periódicos y se
percató que había un liquido oscuro alrededor, parecía haber
estado allí mucho rato o quizás toda la noche porque sobre la caja
volaban unas cuantas moscas y el cartón se había reblandecido. El
repartidor no quiso acercarse mucho, se quedó a unos metros mirando
con cuidado tapándose la nariz, temía el olor que pudiera salir.
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