FELICIDAD
Estaba Elena a punto de coger un avión, era casi la hora del embarque y se sentía llena de alegría pensando que pronto estaría junto a su familia. Ya no tenía que usar mascarilla. La nueva normalidad le sentaba de maravilla. Notaba que todo le iba bien en la vida, tenía solvencia económica y podía permitirse ir a cualquier lugar, viajar en avión a Barcelona o a Japón, un país que le gustaba por su afición a los doramas. Se acomodó en un asiento y se imaginó en las calles de Tokio, caminando entre una multitud, y parando a mirar los muñecos de anime en las tiendas, las grandes superficies de ropa y accesorios, descubrir un lugar especial.
-Será mi siguiente parada – pensó con una sonrisa.
Miró el reloj y se aproximo a la puerta donde una azafata comprobaría su DNI, para después desearle buen viaje y ella seguiría su camino. Llevaba muy poco equipaje, una maleta pequeña y un bolso negro que se había comprado hace poco con todo lo que necesitaba, una tarjeta de crédito y documentos, ¿para que mas? Se sentó en su butaca y comprobó que habían pocos pasajeros, le tocaba ir sola en una fila de dos asientos. Se relajó tanto que sin darse cuenta había llegado a su destino.
Al bajar recibió un mensaje de whatsApp de su grupo “amigos”, la estaban esperando en el aeropuerto para darle la bienvenida después de muchos meses sin verla. Todo era perfecto y eso casi llegaba a abrumarla. No tenía en mente nada negativo o que le causara preocupación y eso si que era extraño, no presentía nada malo, solo tenía ese sentimiento de extraña felicidad.
En la salida del aeropuerto vio a su grupo de amigos y levantó los brazos saludando alegremente, quería abrazarlos a todos. Pero de pronto sintió un dolor punzante en el pecho, se detuvo con una sensación de angustia que casi no la dejaba respirar, observó como en cámara lenta a sus amigos le cambiaban sus caras de alegría a otras de asombro y miedo. Ella veía todo borroso y sentía que caía al suelo lentamente, mientras se esforzaba para respirar por la boca justo antes de abrir los ojos y darse cuenta que todo había sido un sueño.
Elena se encontraba en su habitación a oscuras y en silencio, Tenía una opresión muy fuerte en el pecho, la respiración se aceleraba y en casi unos segundos recordó que se había dormido llorando, por las deudas que tenía pendientes, los dolores de espalda que cada vez soportaba menos y la familia ausente que hacía demasiado tiempo no podía abrazar. Sin trabajo y sin poder salir por el confinamiento, esa noche había tomado unas pastillas para dormir y después de varios días por fin había descansado algo. Volvió a sentirse muy triste y abatida. Miró desde la ventana la oscuridad de las calles y su silencio cansino. Suspiró casi sollozando y se tomó otra pastilla para volver a sus sueños y así intentar escapar de aquella pesadilla.

Por desgracia a las "pastillas" se les pide que lo resuelvan todo.
ResponderEliminarTriste pero real
Muy cierto Yoly, esta realidad supera a muchos.
ResponderEliminarA veces, cuando no llegamos a encontrar la felicidad la compramos con una pastilla. Pero ¿Qué derecho tenemos a juzgar a nadie?
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