jueves, 26 de noviembre de 2020

siempre a su lado




Matilde mira a Manuel de soslayo y coge su mano. Ha notado que él se va un poco de lado y ralentiza el paso.

Su sola mano endereza y da fuerzas a Manuel que sigue paseando a su lado, siempre a su lado, en silencio.

Se sientan en su banco. Todas las tardes después de llegar al punto más alejado del recorrido se sientan en el mismo banco que está bajo el alero de un viejo edificio sin servicio dentro del parque.

Matilde entrega a Manuel la bolsa con el pan viejo. O polvo de galletas, ¡da igual! Y él lo va echando a sus pies. Pocos segundos más tarde están rodeados de pájaros.

Manuel sonríe con un gesto congelado. Cuando se termina el pan o las galletas siguen allí viendo a las aves terminar su festín y de nuevo Matilde, a pesar de su dolor de espalda, ayuda a levantarse a Manuel para seguir su paseo saliendo por la otra puerta del parque y regresar a su casa.

Pero antes la parada obligatoria en la cafetería. Un chocolate y unos churros es el premio por el esfuerzo. Mientras, llega la noche.

Matilde ha ayudado a Manuel a desvestirse y a asearse mientras escucha sus quejas. Después de ponerle el pijama un poco de televisión, preferiblemente fútbol mientras cenan ligeramente. Ella recogerá los restos de esa cena y le acuesta.

Media hora más tarde, su único tiempo para dedicarlo a sí misma, se echa en la cama de al lado. Cuando hay suerte Manuel está dormido y lo estará toda la noche.

La medicación ayuda.

Ella se pierde en añoranzas y casi siempre se le escapa una lágrima que limpia con la sábana.

A veces cuando hay suerte, Matilde se duerme también.

Mañana hay que ayudar a Manuel a levantarse, a asearle, a vestirle, le dará de comer, le ayudará a hacer unos ejercicios físicos y otros mentales para que su Alzheimer no le aleje más de ella.

Ha aprendido Matilde a disfrutar ayudando a Manuel. Cuando le diagnosticaron la enfermedad hace diez años pensaba que no iba a poder con ello y sin embargo ahora parece que es él quien le da vida cada día haciéndola imprescindible.

Matilde tiene ochenta años. Manuel ochenta y seis y llevan sesenta años juntos.


 

3 comentarios:

  1. Preciosa la historia. Me reconozco mucho en ella, vi a mis padres envejecer juntos, mi padre con Alzheimer. Por desgracia su final fue como todos los finales, sus cenizas reposan juntas

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  2. Esta historia me la inspiraron los míos hace unos años, que siguen juntos, que sigue ella tirando de él...

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  3. Tierna historia, compañía y ayuda mutua es un tesoro que añoran muchos.

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EL LEGIONARIO

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