sábado, 28 de noviembre de 2020

IV-EL MISTERIO DE LA ISLA: La bruja de la plaza





La Isla siempre había sido un lugar mágico con kilómetros de playas y bosques, un paraíso escondido donde sus habitantes vivían de lo que les ofrecía la tierra y sus mares. Su naturaleza era vibrante al igual que sus mitos y leyendas. En la costa, alejado de los pueblos había un pequeño castillo muy antiguo, nadie sabía desde cuando estaba allí pero siempre se escucharon rumores de que había aparecido de un día a otro y que en el habitaba el señor de la isla. Otros decían que había sido el hogar del mismo demonio, aunque todo eran habladurías, la leyenda perduró entre las gentes. 

La verdad era que en el castillo sobre el acantilado había vivido un hombre con su mujer y sus tres hijas, un matrimonio joven pero con mucha influencia y riquezas heredadas. El señor era querido por sus servidores y él era justo con ellos. Otra verdad era que el dinero no sería suficiente para menguar la tristeza que sufrirían. La joven madre enfermó y sus hijas mayores también. Al inicio el padre las cuidaba pero con el tiempo también se vio afectado quedando solo la pequeña Margarita con salud pero muy afligida por ver como iban desapareciendo sus seres queridos. 

Cuando la joven cumplió 25 años estaba totalmente sola en el mundo haciendo crecer entonces el rencor y la tristeza en su corazón. Casi toda la fortuna se había ido en cuidados y medicina así que obligada por las circunstancias se mudó a la ciudad donde conoció el amor con un hombre que le doblaba la edad y le dio todo cuanto ella quiso. A pesar que echaba de menos su castillo, se maravillo con todas las cosas nuevas que iba conociendo, los lujos y las fiestas, que deseaba durase para siempre. Pero el tiempo es cruel y Margarita volvió a sufrir el dolor de la muerte. Primero perdió a la única amiga que había hecho en la ciudad y después a su marido, todo por causas naturales. 

Poco a poco sus falsos amigos se alejaron y otros murieron pero ella seguía respirando aunque no siempre se sentía viva. Veía los cambios en su entorno y cómo la magia de la isla se iba marchitando. Así quedó casi sola en el olvido y decidió ir al único piso donde guardaba la mayoría de tesoros materiales. Y sus recuerdos. Cansada de pasar por infortunios, ver gente que no le agradaba y costumbres extrañas a ella, una noche pensó en poner en practica un antiguo ritual sacado de un libro negro que una tía suya le había regalado por su 15 cumpleaños. El rencor y la tristeza se volvieron mas fuertes y deseaba que su sufrimiento alcanzara a todo aquel que que estuviese a su alrededor.

En una habitación del piso que había elegido por su ubicación y oscuridad, la anciana encendió unas velas negras para invocar seres malignos. Cogió el cuchillo mas grande de la cocina y abrió el libro para recitar sus versos mientras las llamas de las velas creaban figuras extrañas de ella y las cabezas de cerdo sobre las paredes. Iba mutilando la lengua y parpados con euforia, la rabia se había apoderado de ella y terminó con las manos ensangrentadas llorando amargamente, fue cuando finalizó la sesión. En la isla empezarían a cambiar muchas cosas desde aquel día. 

Margarita de V. no sería la misma mujer que se limitada a observar desde la oscuridad. Volverían los misterios, mitos e historias sobre aquel lugar y sus habitantes.  No tardaría en conocerse la leyenda urbana sobre una bruja con ojos de serpiente que salía en las madrugadas por las calles más oscuras, buscando una victima solitaria que ofrecer al señor de la isla  para que, bajo la luz de la luna de sangre, lo convirtiera en cerdo.

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