LA GALLINA LOCA
En aquella granja todo transcurría con la normalidad del paso del tiempo y las estaciones que una tras otra iban pasando una y otra vez.
Por eso la granjera, una mujer dulce y entrada en carnes que quería a sus animales como si fueran los hijos que no había tenido, se sorprendió cuando a una de sus gallinas, la más dócil, la que se acurrucaba para dejarse coger y acariciar, empezó a mostrar un comportamiento cuanto menos extraño; había dejado de poner sus riquísimos huevos en el corral y cuando fue encerrada para evitarlo, sistemáticamente los rompía bien con las patas, bien con el pico.
El granjero, un hombre también obeso pero con peor carácter que su esposa, decidió que aquel comportamiento debería ser castigado, no fuese que se contagiase al resto de las gallinas y decidió que su carne formaría parte del menú de las fiestas de Navidad, fechas en las que eran visitados por la familia de la ciudad, un par de hermanos y sus mujeres e hijos, en total se reunían doce personas y era necesario matar al menos tres aves, una de ella sería la gallina loca, como él empezó a llamarla.
La granjera, que tenía especial cariño a aquella gallina, empezó a vigilar para intentar comprender por qué había empezado a destruir sus huevos. Después de varios días supo como evitarlo.
Por Nochebuena la carne del asado fue la del gallo de corral, el que había sustituido al anterior, sacrificado por viejo las fiestas anteriores. Desde entonces, el gallo nuevo acosaba y montaba a la gallina loca a pesar de la oposición de esta. Ella como venganza destruía sistemáticamente los huevos que pudieran estar fecundados porque no deseaba empollar crías de aquel monstruo con plumas.

Un relato muy feminista. Hay que ver como eres de militante...
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