sábado, 28 de noviembre de 2020

CIENCIA FICCION

 

Siempre fui aficionado a las motos. A los veinte años tuve un accidente y me quedé tetrapléjico. Me pusieron un exoesqueleto de titanio y de nuevo pude gozar de movilidad.

Años más tarde, una enfermedad grave hizo que perdiese las extremidades superiores e inferiores. Me las sustituyeron por unas prótesis de titanio con ruedas autopropulsadas  en los extremos. En adelante pude rodar con total autonomía.

Con el tiempo y debido en parte a las penurias anteriores y también, debo reconocerlo a los excesos de todo tipo que cometí, me falló el corazón y lo sustituyeron por un novedoso motor eléctrico con tecnología de grafeno. Me dieron una garantía de cien años de funcionamiento

Estoy muy bien, pero tengo que cambiar el aceite cada diez mil kilómetros.

2 comentarios:

EL LEGIONARIO

             Cuando era joven, hasta llegar a la época de la enseñanza secundaria, le gustaba que le llamasen Rock, como aquel actor america...